¿Existe legislación que proteja al consumidor con respecto a los materiales utilizados en ropa de cama y muebles?

 

Es difícil dar una respuesta clara a esta pregunta. El tema de la legislación sigue siendo una batalla para el sector, que no siempre elige los materiales más adecuados en la construcción de sus productos, prefiriendo los más económicos. Aún no existen leyes específicas y dedicadas que protejan al consumidor con respecto a la calidad de los materiales, ni se definen las responsabilidades del productor.

 

 ¿Existe legislación que proteja al consumidor con respecto a los materiales utilizados en ropa de cama y muebles?

 

¿Qué garantías se le pueden dar al consumidor?

A la hora de vender un colchón o sofá se deben tener en cuenta todos los materiales que lo componen, desde la estructura hasta la espuma y los tejidos utilizados.

Al centrar nuestra atención en la espuma, se deben cuidar los estándares mínimos de calidad, asegurando que la espuma mantenga sus características (como densidad, dureza, resiliencia, recuperación) a lo largo del tiempo. Este tiempo se establece idealmente en 10 años. Sin embargo, la garantía más segura es cubrir los 2 años previstos en la ley general de protección al consumidor

 

También se define en los derechos del consumidor, en lo que respecta a la calidad directa de los bienes y servicios, que deben ser capaces de satisfacer los fines para los que están destinados y producir los efectos que se les atribuyen, de acuerdo con las normas legalmente establecidas, o, a falta de ellos, de forma adecuada a las expectativas legítimas del consumidor.

 

En conclusión, no existe una ley que proteja al consumidor y que efectivamente garantice que las características de la espuma del colchón sean las que el vendedor afirma tener o, y lo más importante, las más adecuadas para el producto.

 

Además, la espuma puede estar dentro de los parámetros de calidad deseados, pero los tejidos utilizados no son los más adecuados o incluso no ayudan a potenciar las características y ventajas de las espumas. Si el conjunto no es complementario, el producto no funciona. Por ejemplo, una empresa vende un colchón de espuma Coolflow, centrándose en las características de transpirabilidad, pero utiliza un tejido que no deja pasar el aire. El valor añadido de la tecnología se evita inicialmente por la no consonancia del material que recubre la espuma.

 

Lo mismo ocurre con un sofá, cuya espuma puede desaparecer después de poco uso. ¿Podría imputarse la responsabilidad únicamente al productor de espumas? ¿O el fabricante del sofá eligió una espuma con características inadecuadas para el producto en cuestión? Si las características de la espuma no se adaptan al uso que se le dará al producto, por muy alta que sea la calidad, se degradará con el tiempo. En este caso, el productor de espuma no se hace responsable ya que suministró material que cumplía, pero no era adecuado para el producto para el que estaba destinado. Sí, es el productor de espuma el que debe asesorar al productor de sofás sobre la composición más adecuada para sus productos, aunque el respeto de estas sugerencias obviamente depende del comprador.

 

Sin un conjunto de estándares para la construcción de productos de ropa de cama y muebles, será muy difícil crear una ley que cubra las diversas peculiaridades de esta industria y proteja al consumidor.

 

La mayoría de los vendedores de ropa de cama y muebles acaban presentando propuestas muy similares en cuanto a la garantía de sus productos. También sufren las presiones y exigencias del mercado que les obligan a aplastar precios y presentar propuestas que pueden no ser las más adecuadas a las expectativas del cliente final. Si bien es seductor dedicarse a esta práctica, la no durabilidad de los productos terminará teniendo consecuencias para ambas partes. Cuando el cliente pierde la confianza, es muy difícil recuperarlo.

 

Lo que sí sabemos es que el sector debería estar regulado. Los proveedores de primera línea deben contar con pautas de venta de materiales acordes a su uso, como garantía de que se crearán buenos productos. Pese a su inexistencia, Eurospuma busca, internamente, aplicar un conjunto de buenas prácticas en la venta de espumas y tejidos no tejidos a sus clientes, teniendo en cuenta su finalidad y uso.

 

En definitiva, la regulación debe aplicarse al producto en su conjunto (el sofá o colchón) y no solo a las materias primas que lo componen. Pero para eso, se debe exigir a cada proveedor que tenga una “garantía mínima de calidad”. ¿Como podemos hacerlo? Este es un tema abierto y debe ser discutido por las distintas partes interesadas.


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